eliminar cotorras

Eliminar cotorras y otras aves invasoras es prioritario

Eliminar cotorras puede sonar fuerte y de hecho lo es. No es un plato de buen gusto tomar la iniciativa para eliminar animales así como así, pero en este caso se hace necesario pues estas aves suponen una plaga muy importante en nuestro país.

El control de plagas para eliminar cotorras y palomas

En Madrid, principal ciudad afectada por la invasión de las cotorras, había en 2015 unos siete mil ejemplares. En 2019 hay trece mil. Se calcula que ese número supone el 50% del total de la especie presente en España.

Esa es la gravedad del problema al que se enfrentan las administraciones de nuestro país, los enemigos son tanto la cotorra argentina (Myiopsitta monachus) como la cotorra de Kramer (Psittacula krameri), las dos especies invasoras importadas de suramerica como animal de compañía en su momento y que gracias al descuido o al abandono, se ha traducido en un problema de salubridad crucial.

Catalogadas como una especie invasora, ya hay planes en la capital de España para eliminar cotorras y poner coto a los efectos nocivos de la presencia de estas aves y las zonas afectadas, que son las principales zonas verdes de la ciudad.

¿Por qué es vital acabar con estos animales invasores?

Hay dos problemas fundamentales que nos ayudan a entender porque es vital tener que actuar para controlar esta especie.

  • Son animales que afectan de forma determinante los ecosistemas autóctonos.

Las cotorras desplazan, por tamaño y agresividad, a especies autóctonas como el vencejo y los gorriones, aves vitales para controlar plagas como los mosquitos y otros insectos. Las cotorras, al ser de mayor tamaño, puede acceder al alimento que antes pertenecían a estas otras aves, produciendo una disminución del mismo y por ende, el desplazamiento de estas aves y la eliminación en su ecosistema natural.

  • Son animales que viven dos décadas y cuyos nidos son un peligro.

Las cotorras suelen situar sus nidos en las copas de los árboles, el problema es que son nidos que pueden llegar a pesar más de cien kilos y doblar y partir las ramas, con el consiguiente peligro para los viandantes y para la flora de los parques de la ciudad. Además, aunque solo ponen cuatro o cinco huevos por pareja, suelen vivir hasta veinte años, lo que hace que en su vida puedan reproducirse en un número mayor que las aves autóctonas.