la cotorra argentina

¿Es tan mala la cotorra argentina?

La cotorra argentina y la cotorra de Kramer, las dos especies presentes en la península, han sido catalogadas como especie invasora y durante la última década se han intentado diseñar planes para reducir su número en las diferentes ciudades españolas.

La cotorra argentina: enemigo número 1

Como datos relevantes antes de meternos en materia, decir que la cotorra argentina está presente en Madrid desde por lo menos seis años, cuando se realizó una primera estimación. Los resultados fueron que en el año 2015 había en torno a entre seis mil y siete mil ejemplares sueltos en los parques de la ciudad.

Este número de ejemplares, que puede parecer bajo para una especie, ya representaba una amenaza para los ecosistemas autóctonos, y no hubo más que comprobar cuatro años después el incremento de casi el 150%, hasta alcanzar entre trece mil y catorce mil ejemplares de la cotorra argentina.

Esto suponía una extensión mucho mayor y pronto surgieron iniciativas más ambiciosas para acabar con la plaga de la cotorra argentina en muchas ciudades de España. Planes que chocaron contra las organizaciones ecologistas que si bien reconocían el problema de la invasión y su daño a las especies autóctonas, cuestionaban los métodos de control utilizados por ser poco éticos.

Como dato, en la capital se calcula que están presentes la mitad de todos los ejemplares del país. Y pensar que todo empezó con un animalito exótico de compañía traído de suramerica con ese objetivo -como si fuese un loro-.

Una vuelta de tuerca a la fama de la cotorra

Desde entonces, la cotorra ha supuesto un problema de salubridad crucial en nuestras ciudades y un peligro para los ciudadanos.

No obstante, un nuevo estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) en el Sur de España, los mismos que avalaban el método de captura a tiros que se realizó en Sevilla hace unos años, han puesto de relieve la «ayuda» que esta antigua mascota ofrece a las especies donde comparten el hábitat.

Si bien se creía que las cotorras desplazaban a especies donde «invadían», gracias a su tamaño y número, impidiendo a las aves competidoras como vencejos y gorriones acceder a alimento y nidos, ahora se ha descubierto que los nidos que pueden edificar las cotorras son usados por otras aves.

De hecho el estudio demuestra que aquellas aves que utilizaban los nidos abandonados de las cotorras, tenían mayor presencia y densidad de población. Y no solo eso, los resultados indicaban que tanto la cotorra como las especies «invadidas» colaboraban en la defensa de los nidos frente a depredadores comunes como las ratas o las aves rapaces.